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Es
un sabor deudor de la materia prima de la que parte, nuestra
leche. Posee una textura algo más densa que sus competidores,
evoca como ningún otro la cualidad de frescor, tiene un
paladar amplio y es ligeramente soso.
El hecho de ser un queso elaborado
con leche recien ordeñada, le permite tener una duración
más larga de lo habitual para este tipo de productos.
Estamos ante un queso que mantiene sus propiedades intactas,
en igualdad de condiciones que sus competidores, sin necesidad
de conservante alguno. Estamos hablando de calidad. Calidad de
la materia prima, calidad en la elaboración y la calidad
que proporciona la cercanía de los mercados y depender,
en exclusiva, de nuestra propida red de comercialización.
Calidades que nada más puede proporcionar el oficio artesano.
El queso freso se elabora a
partir de leche entera de vaca ordeñada del día
anterior o del mismo día. A saber, leche muy fresca. La
leche se pasteriza y posteriormente se cuaja en una cuba para
obtener los granos de cuajada, impresindibles para dar vida al
queso. Un escurrido del queso y su conservación en frío
son suficientes para salir al mercado.
El queso fresco se presenta
en piezas de 500-600 gramos, perfectamente envueltas y etiquetadas.
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